El insecto de la foto es muy pequeño (unos 4 cm.), por lo que se supone es un ejemplar muy joven. La Mantis junta sus patas delanteras para alimentarse dándo la sensación de que está en actitud orante. A pesar de la fama un tanto siniestra que tiene no es un insecto dañino, ni tan solo venenoso.
Así estaban estos frutos cuando los encontré en una granado al márgen del bosque. Tal vez abandonado, tal vez salió por casualidad, pero siempre productivo aún en el abandono.
En los viajes tambien es conveniente salir de los tópicos de fotografiar la clásica postal del monumento que está en todos los catálogos. Es un placer descubrir los detalles de la vida cotidiana del lugar que visitas. Este buzón lo retraté en Capri, en una casa que sale al paso en la Escala Fenicia. (¡La bajé toda a pié, desde Anacapri a Marina Grande!).
Me sorprendió mucho ver este animal saliendo del bosque y paseando por este campo recién segado. Después de mucho buscar, llegué a la conclusión de que es un faisán.